Todos los ríos tienen avenidas: un aumento notable de su cauce habitual en determinadas épocas del año, cuando las lluvias y/o el deshielo, aguas arriba, eleva el aporte acuoso, y a la vez del caudal arrastra materia orgánica (ramas, hierbas) e inorgánica (tierras; arcillas, arenas; incluso piedras) anegando y arrastrando todo lo que se oponga a su paso. Superan los saltos de agua, pueden obstruir puentes, estropear molinos, destruir cultivos, anegar viviendas. Y poner en peligro la vida de animales y personas.
De ríos caudalosos, como el Ebro, la gente se suele cuidar. Son mas peligrosos ríos pequeños, afluentes que normalmente tienen poco caudal.
Del río Tormes dicen que es traicionero, y con razón. Parece tranquilo. Normalmente es poco caudaloso, un riachuelo junto al Ebro.
Es afluente del Duero, por su margen izquierda, y no de los mas importantes. El mas caudaloso es el Esla, que trae aguas de una cordillera más alta, la Cantábrica.
Una vez vimos naufragar una barca con varios jóvenes en medio de la corriente (Paseo Fluvial de Salamanca, junto al Puente Rodríguez Fabrés, de hierro) Cayeron y se levantaron con facilidad, les cubría bajo las rodillas. Pusieron bien la barca, se volvieron a subir y siguieron navegando. Era verano. Nos sorprendimos. Aún estábamos acostumbrados a la profundidad del Ebro, incluso con aguas bajas.
En los últimos años del siglo XX, el Tormes a su paso por Santa Marta de Tormes no tenía los saltos de agua de ahora y estaba permitido el baño. Pues bien todos los veranos se ahogaban mas de una persona.
Y oí contar a gente de mi edad (generación "baby boom") de cuando eran niños: se bañaban en las pozas del río, en los veranos. Corría un liguillo de agua entre las pozas.
Luego, con el pantano de Santa Teresa, aguas arriba, ya el río no tenía tan gran estiaje. Y por eso era mas peligroso por aquí. Más que por el caudal, los ahogamientos se producen por las "arenas movedizas", las arcillas y limos se depositan en determinados lugares y tragan a los seres terrestres que se atreven a bañarse allí. En este siglo (XXI) hace no muchos años (sería por los años 10) se ahogó un joven que sabía nadar, por enfrente de este pueblo, la Aldehuela, tardaron una semana en encontrar su cuerpo.
La gente se cuida de sus avenidas. Se producen(no todos los años) en Invierno y al final de la Primavera. Aumenta mucho el caudal por la escorrentía de las lluvias aguas arriba o por el deshielo. El Tormes nace en la Sierra de Gredos, Sistema Central, zona alta que lo provee de corriente continua. Ahora esta regulado por varios azud y dos presas, la de Puente Congosto, de embalse pequeño, y la de Santa Teresa, embalse mayor. Aguas abajo la gran presa de Almendra y el salto de Villarino.
La presa de Santa Teresa suelta agua cuando rebosa su embalse. Lo hace de forma paulatina (poco a poco) y avisando a las granjas y pueblos aguas abajo para que vigilen como va el caudal. Y así las avenidas del Tormes ya no son tan catastróficas como en siglos pasados.
La riada de San Policarpo
Cuenta el historiador Salmantino Villar y Macías, autor del siglo XIX:
El lunes 26 de enero de 1626, día de San Policarpo... Deshecha tempestad de viento y agua, descargó de una manera horrible sobre la ciudad, aterrada por el continuo bramar del viento... siendo tanta la obscuridad, que hubo que encender luz en las casas al medio día. El Tormes, que a las cinco de la tarde, ya había traspuesto sus límites ordinarios, continuó a las ocho explayándose, inundándolo todo en una extensión tan inmensa como nunca fue conocida, ni recordada; llegando a las diez a su mayor ímpetu y plenitud. La profunda obscuridad de la noche; el incesante bramar del viento; el crujir de las casas que se desplomaban; los desesperados gritos de auxilio de los infelices arrebatados por la corriente... el clamor del que solo en un rápido momento contempla arruinada su fortuna; el tañido de las campanas, pidiendo socorro... el resplandor de las hogueras encendidas en el Espolón, Puerta del Río y otros sitios; con que inútilmente se procuraba iluminar aquella palpable y horrorosa tiniebla, y el incesante y solemne mugido de las aguas, tan airadas, revueltas y arrolladoras, formaba un cuadro indescriptible y espantoso...
Villar y Macías cuenta aquella tragedia con gran realismo, basándose en testimonios escritos y crónicas de la época. Menciona las perdidas materiales y humanas, pues gran parte de la ciudad de Salamanca estaba bajo las murallas, donde ahora está el Instituto Rodríguez Fabrés, huertas, paseo Fluvial, fábrica de harina, molino, museo de la automoción.
Se perdieron varios conventos y casas modestas de gente del pueblo. Se enterraron 42 personas, fallecidos por ahogamiento o por derrumbe de las casas, y perecieron mas arrastrados por la corriente, quedando desaparecidos.
Fue por la confluencia del Zuguén con el Tormes, en una parte estrecha del cauce, entre las elevaciones Peña Celestina y Teso de la Feria (Parador, ahora) terrazas del río Tormes.
El Zurguén es un riachuelo, afluente del Tormes, que gran parte del año baja sin apenas agua. Lo he visto seco muchas veces.
El curso del río cambió. La corriente arrasó gran parte del puente románico hubo que reedificar 10 arcos (de la más cercana al espectador, los reforzados) Se llevó 4 arcos pero luego se vio que había mayor deterioro. Se perdió el bonito castillete central del río. Se conoce por grabados.
Antes el río pasaba mas lejos de la catedral, ahora hay poco sitio bajo las murallas, antes se extendía la ciudad por donde ahora va el cauce. La zona bajo el parador era entonces el cauce del Tormes.
Historia de Salamanca, Villar y Macías 1887 (reedición de 1975) libro VII. En apéndices, fuentes de la noticia.
Otras riadas históricas del Tormes: noviembre 1256 riada de los difuntos, diciembre 1498 riada de Santa Barbara.




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